Apple street es una calle lena de casas iguales, si no fuese por la casa que tiene el cartel de ''en venta'' en el jardín al lado de la mía, dudo poder reconocerla, porqué todas las casas son terrorificamente iguales. Jardín de delantero, un pequeño porche en la entrada con suelo de madera y luz tenue por las noches, y jardín trasero. Mi casa es el número 17, la casa de la derecha esta desocupada, es donde descansa el cartel de ''se vende'' en el jardín. En la casa de la izquierda viven el matrimonio Martens, las personas más interesantes que nunca he conocido, también cabe decir que tienen la edad de la prehistoria. Me fascinan, sinceramente, pese a sus diferencias y años juntos, creo que cada día se quieren más. Cuando era pequeña, siempre que mi madre no estaba en casa, me dejaba a cuidado de la señora Martens, una mujer encantadora. Siempre me contaba historias sobre su juventud, y lo maravilloso que fue conocer a su marido quién paso unos años muy duros luchando por su país. Anne, que así se llama, me contaba como el día en el que lo recibió después de dos años, se dio cuenta de que era el amor de su vida y que nada nunca, podría separarlos, y afortunadamente, así es. Siempre me ha fascinado su historia de amor, aunque yo no sea para nada romántica. Nunca he tenido novio y ni siquiera se que es el amor. Cuando mi madre murió, todo se desvaneció con ella.
En la cera de enfrente, vive el matrimonio Adams, los padres de Ashley. Tienes dos hijos, ella y Robbie, su hermano pequeño. Ashley es la más popular del instituto, su melena rubia cae por su espalda en forma de tirabuzones perfectos siempre brillantes, es deseo de muchas chicas en el instituto. Sus ojos azules color cielo son perseguidos por cada chico que queda fascinado ante ella y sus pestañas exageradamente largas gracias al rimmel. Es delgada, alta, y como cualquier rubia de su calibre, la capitana de las animadoras. Siempre que tiene oportunidad lleva el uniforme puesto, le encanta enseñar cuerpo y que a los jugadores de los partidos se les caiga la baba al ver esa falda, por llamar con algún nombre a ese minusculo trozo de tela con el que enseña todas las piernas, y ese top, con el que enseña toda la barriga. Lleva un descapotable rosa que siempre aparca delante de mi casa como si quisiera restregármelo todo lo que pueda. Somos enemigas desde que tengo uso de razón, mi padre intenta cambiarlo, y la última vez, Ashley salió con un mechón de pelo menos en la cabeza. Lo cual le dejó a mi padre muy claro que nuestras diferencias eran enormes, y que nunca podría solucionarlo.
Mientras miraba embobada por la ventana, vi a lo lejos un camión que se acercaba por la calle, lo cual es bastante raro porque por esta calle solo circulan los vecinos. Así que no tardé en darme cuenta de que se trataba de un camión de mudanzas cuando paró enfrente de la casa de al lado.
- Parece que a partir de hoy tengo nuevos vecinos - me dije a mi misma en voz alta mientras observaba como bajaban del camión un sofá de cuero blanco.
Mi habitación es bastante peculiar, me refleja tal y como soy. Las paredes son de color azul cielo, pero un cielo soleado de verano. El parqué del suelo queda escondido bajo una gran alfombra color burdeos por la cual me encanta caminar descalza. Tengo un pequeño armario que conservo desde que tengo uso de razón ya que no tengo mucha ropa, no es que vista mal, pero si simple. Tengo una gran cama a la cual me cuesta subir por la altura, me debe llegar por la cintura y tiene un gran dorsal de hierro blanco muy elegante. Tengo una gran ventana, con una repisa lo bastante ancha como para poder sentarme. Lo que más me gusta de mi cuarto sin duda, es esa ventana. Suelo sentarme de noche y escribir canciones, o simplemente tocar la guitarra mientras observo las estrellas. Esa ventana da a la casa en la que ahora se están mudando, lo que me hace pensar que debería colgar unas cortinas, y la otra ventana da a Apple Street.
Mientras pasaban las horas tumbada en la cama con la cabeza hacia abajo, escuché la voz de James que me llamaba desde las escaleras.
- Carrie, tenemos nuevos vecinos. Nos han invitado a su casa están celebrando una pequeña fiesta de bienvenida.
- ¡Pero como! Se acaban de mudar hoy y ya están dando una fiesta, menuda rapidez, no crees? - pregunte curiosa.
- Si Carrie, pero vamos, ponte presentable que vamos a presentarnos - dijo James con voz tranquila.
Abrí el armario y me puse el vestido que mi padre insistió que me pusiera. Estaba indignada porque sabia que ese vestido azul me hacia sentir como Alicia, de el país de las maravillas. Era un vestido por arriba de la rodilla color azul claro de tirantes con la espalda al aire hasta lo que vendría siendo el final de la espalda. Era bonito, pero no acostumbraba a llevar vestidos. Soy de las chicas que optan por un buen par de vaqueros.
Bajé las escaleras donde me esperaban mi padre y Elliot y atravesamos nuestro maravilloso jardín para cruzar por el descuidado de la casa de al lado. La puerta estaba abierta, se oía a la gente hablar con música de fondo. Sin duda, los nuevos vecinos no habían tardado nada en darse a conocer y hacerse de notar, aquello era una fabulosa fiesta de bienvenida. Cuando atravesé el porche y entré en la casa no se me hizo muy difícil reconocer la voz de Ashley que se encontraba en algún lado de la casa. Mi padre se dirigió al matrimonio Robbinson a darles la bienvenida tan educadamente que casi creí no conocerle, tras él, íbamos mi hermano y yo. Allí frente nosotros de encontraban, Dimitri, Caroline y sus hijos Will y Cassie. Estuvieron un rato charlando hasta que se dieron cuenta de mi presencia tras mi padre y Caroline me miró de arriba a bajo.
- Oh, buenas tardes ¿Sabes? Eres preciosa. Enhorabuena - dijo mirando a mi padre - Debes tener la misma edad que mi hijo Will, ya le dije yo que seguro que había chicas encantadoras. Mira es él - dijo acercándolo.
Will se acercó con los mofletes sonrojados por el comentario de su madre y se inclinó para darme dos besos. Sus mejillas eras suaves y cálidas, sentí como si algo me recorriera la piel de arriba a bajo y me quedé mirandolo embobada. Will era realmente guapo, tenia una melena medio ondulada alborotada que parecía no haberse hecho el pelo al levantarse y era de color castaño con reflejos rubios. Era más alto que yo, y la camiseta color gris que llevaba dejaban ver unos brazos de ensueño. Me dí cuenta de que Will me miraba con cara de extrañado porque lo miraba embobada, así que agité la cabeza y ruborizada bajé la mirada.
- Will, ¿has visto que color de ojos tiene? - dijo Caroline señalándome.
- La verdad, es que hipnotizan - contestó Will mientras se alejaba desconcertado por mi culpa y la form de mirarle.
Su comentario solo consiguió ruborizarme más y mi hermano que esta cerca dijo el típico comentario gracioso que aún pone más nerviosa a una chica.
- Carrie, no me digas que tú te has enamorado.
Me entró la risa, le dí un capón y dejé muy claro que yo, nunca me enamoraba.
Volví al lado de mi padre mientras nos despedíamos de los Robbinson. Cuando llegamos a casa no tenía hambre y ya era bien caída la noche porque el cielo empezaba a oscurecer. Me deshice del vestido y me puse el pijama. Cogí la guitarra y empece a tocar algunos acordes sueltos. Empecé a tocar sin daber que mi vecino Will asomaba por la ventana de su habitación, que era la ventana de la casa de al lado que daba a la mía.
- Bonita canción - dijo Will desde su ventana.
Me giré atónita ya que no lo esperaba.
- Oh, hola jajaja, gracias, aunque dudo que esto sea una canción - contesté medio contenta, feliz y ruborizada.
¿Pero que me pasaba? Yo no era de esa clase de chicas que se ponían nerviosas. No podía creer que nuestras habitaciones dieran ventana con ventana. Y de pronto oí la voz que menos me apetecía escuchar en ese momento.
- Vaya Carrie, bonito pi-ja-ma - dijo Ashley con tono irónico que asomaba la cabeza detrás de Will.
- Si Ashley, gracias - contesté por educación con un tono de voz serio.
- ¿Ves Will? Tiene frente a ti a la mayor perdedora de la historia, solo hace falta mirar ese pelo desbaratado - dijo Ashley, a la cual me entraron ganas de estrangular.
Entonces algo que no esperaba ocurrió.
- Pues me encanta su pelo, que quieres que te diga Ashley, mira que rizos y que largo, además tiene el mismo color que yo - contestó Will con una gran sonrisa que me dejó distraída y atontada.
- Por favor Will, dejemos a este perdedora aquí - y Ashley corrió la cortina.
Solo desee esa noche, que Ashley no embobara a Will también.
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