Acostada en la cama intentando dormir, abrí la ventana inconscientemente ya ahora tenía vecinos y mi ventana no tenía cortinas. Hacía mucha calor, era de los veranos más calurosos que recordaba en Boulder. Caí en un sueño profundo.
Mientras, en la casa de al lado, el despertador de Will sonó haciendo que este se despertara con una maraña de pelos. Se levantó de mala gana y desperezándose mientras asomó la cabeza por la ventana para que le diera el aire, y allí la vio. Tendida en la cama, con unos cuantos rizos cayéndole en la cara graciosamente. Sabía que había algo en ella... diferente y tenía que averiguar lo que era.
- Carrie, ¡levanta marmota! - gritó desde su ventana pasándose una mano con cuidado sobre la cabeza despeinando aún más su melena con reflejos dorados.
El gritó me despertó desconcertada. No sabía de donde provenía y desconcertada miré hacia todos lados cuando de pronto lo vi riéndose desde su ventana con una sonrisa capaz de iluminar los rincones más oscuros. Carrie no sabía que tenía ese chico que llamara tanto su atención. Nunca antes había sentido nada parecido, era una mezcla de curiosidad, atracción, celos y nervios. Su madre mil veces antes le había descrito lo que sintió al ver a su padre por primera vez, pero el amor que la madre de Carrie describió como felicidad, estaba muy lejos de lo que Carrie parecía sentir por Will.
- ¿Estás loco? Estaba teniendo un sueño maravilloso - dije con un tono de decepción.
- Seguro que soñabas conmigo, no me sorprendería, se que soy extremadamente guapo - dijo con una sonrisa vacilante.
- Claro, te conozco tanto que sí, soñaba contigo - dije intentando que mi voz sonara lo más neutral posible - serás...
- Lo sé, genial. Bonito pijama. . .
Will miraba a Carrie con los ojos iluminados cuando Carrie bajó la vista y como un auto reflejo cogió la sábana y se tapó. Ruborizada alzó la cara para ver la de Will, que seguía apoyado en el marco de la ventana con una sonrisa vacilante.
- Gracias, aunque creó que se acabaron las vistas - pues Carrie llevaba tan solo una camiseta blanca de tirantes, ni siquiera llevaba pantalon - ¿Que pena verdad?
- Sinceramente, preferiría no tener esta conversación - y se giró ruborizado sin que apenas Carrie darse cuenta.
Carrie vio como Will desaparecía por la puerta de su habitación. Desconcertada por lo que acababa de suceder removió la cabeza, se apartó delicadamente los rizos que le caían sobre los ojos y miró el despertador que descansaba sobre la mesita. Oyó ruidos bajó las escaleras, supuso que ya era hora de levantarse.
Todas las mañanas James se levantava temprano para recoger el periodico y sentarse en su sillón a leerlo mientras el olor a café le abrumaba y le daba una sensación menos solitaria. Después de la muerte de su esposa, pasó tiempo hasta que James pareció ser el mismo. Aunque nunca lo fue. Carrie se recordaba envuelta en los brazos de su padre, mientras este le decía que nunca les pasaría nada. Después de la muerte de su madre, Carrie le odió por mentirle, en el fondo sabía que James no tenía la culpa aunque no encontró a nada mejor a lo que echarle la culpa, estaba destrozada, totalmente muerta por dentro. Después de aquella noche en la que Carrie oyó la devastadora noticia, nunca volvió a llamar a James papá.
Se vistió con una camiseta azul oscuro de manga corta y uns shorts demasiado rotos que su padre odiaba. Bajó las escaleras de dos en dos, era una vieja costumbre que le quedaba de cuando era pequeña. Seguía llevando el pelo como un león, con rizos disparados hacía todos los lados cuando apareció en la cocina observando a su hermano sentado en la mesa esperando el desayuno.
- Hola tontorrón - le dije alborotándole el pelo que cuidadosamente se había peinado - ¿Que hay para desayunar?
- Buenos días leona, tenemos esas tortitas que mamá hacía con caramelo.
Carrie alzó la vista en busca de James mientras este se acercaba con dos platos llenos de tortitas realmente apetecibles. Cuando James se las dejó delante de ella solo un gracias salió por su boca. Cuando terminó de desayunar su padre anunció que alguno de los dos debía sacar la basura mientras estos se miraban complices sabiendo que como siempre, iba a volver a perder contra piedra, papel o tijera, así que ni siquiera lo intentó. Se levantó, cogió la basura y atravesó el jardín hasta llegar al cubo. Mientras volvía observando las flores que crecían entre la hierba una voz familiar ya para ella la saludó.
- Hola Will.
- Siento lo de esta mañana, pero es que estabas increíblemente graciosa durmiendo.
- Ya ya, no deberías espiar ¿sabes?
- Ejem - carraspeó - no soy yo quien se deja la ventana de par en par con un pijama tan extremadamente sexy.
¿Enserio Will la acaba de llamar sexy? Tal vez solo fuera una forma de sacarla de quicio. Así que se dio la vuelta dispuesta a llegar a casa cuando una mano cálida le tiró del brazo.
- Esta bien, lo siento, aunque no lo hice adrede. He visto la bicicleta que tienes en el porche. ¿Te apetece dar un paseo?
Carrie se lo pensó sabiendo que no había nada que pensar.
- Entenderé tu expresión como un sí. Dejo que cojas todo lo que necesites, te espero aquí.
Entró en casa, cogió su mochila más bien destrozada y salió al jardín donde él la esperaba sentado en la hierba con una sonrisa igual de iluminadora que el sol.
Soñadora, tímida pero con un encanto propio que puede que más de una vez le traiga problemas. No es ni muy alta ni muy baja, tiene el pelo largo, rizado y castaño. Ojos como del color de las profundidades del mar y delgada de piel pálida. En Boulder, Colorado. La música le ayudó a superar la pérdida de su madre y cree que jamás podrá llegar a enamorarse, pero. . . ¿Se estará equivocando Carrie?
sábado, 25 de agosto de 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
Capítulo 1. Nuevos vecinos.
Apple street es una calle lena de casas iguales, si no fuese por la casa que tiene el cartel de ''en venta'' en el jardín al lado de la mía, dudo poder reconocerla, porqué todas las casas son terrorificamente iguales. Jardín de delantero, un pequeño porche en la entrada con suelo de madera y luz tenue por las noches, y jardín trasero. Mi casa es el número 17, la casa de la derecha esta desocupada, es donde descansa el cartel de ''se vende'' en el jardín. En la casa de la izquierda viven el matrimonio Martens, las personas más interesantes que nunca he conocido, también cabe decir que tienen la edad de la prehistoria. Me fascinan, sinceramente, pese a sus diferencias y años juntos, creo que cada día se quieren más. Cuando era pequeña, siempre que mi madre no estaba en casa, me dejaba a cuidado de la señora Martens, una mujer encantadora. Siempre me contaba historias sobre su juventud, y lo maravilloso que fue conocer a su marido quién paso unos años muy duros luchando por su país. Anne, que así se llama, me contaba como el día en el que lo recibió después de dos años, se dio cuenta de que era el amor de su vida y que nada nunca, podría separarlos, y afortunadamente, así es. Siempre me ha fascinado su historia de amor, aunque yo no sea para nada romántica. Nunca he tenido novio y ni siquiera se que es el amor. Cuando mi madre murió, todo se desvaneció con ella.
En la cera de enfrente, vive el matrimonio Adams, los padres de Ashley. Tienes dos hijos, ella y Robbie, su hermano pequeño. Ashley es la más popular del instituto, su melena rubia cae por su espalda en forma de tirabuzones perfectos siempre brillantes, es deseo de muchas chicas en el instituto. Sus ojos azules color cielo son perseguidos por cada chico que queda fascinado ante ella y sus pestañas exageradamente largas gracias al rimmel. Es delgada, alta, y como cualquier rubia de su calibre, la capitana de las animadoras. Siempre que tiene oportunidad lleva el uniforme puesto, le encanta enseñar cuerpo y que a los jugadores de los partidos se les caiga la baba al ver esa falda, por llamar con algún nombre a ese minusculo trozo de tela con el que enseña todas las piernas, y ese top, con el que enseña toda la barriga. Lleva un descapotable rosa que siempre aparca delante de mi casa como si quisiera restregármelo todo lo que pueda. Somos enemigas desde que tengo uso de razón, mi padre intenta cambiarlo, y la última vez, Ashley salió con un mechón de pelo menos en la cabeza. Lo cual le dejó a mi padre muy claro que nuestras diferencias eran enormes, y que nunca podría solucionarlo.
Mientras miraba embobada por la ventana, vi a lo lejos un camión que se acercaba por la calle, lo cual es bastante raro porque por esta calle solo circulan los vecinos. Así que no tardé en darme cuenta de que se trataba de un camión de mudanzas cuando paró enfrente de la casa de al lado.
- Parece que a partir de hoy tengo nuevos vecinos - me dije a mi misma en voz alta mientras observaba como bajaban del camión un sofá de cuero blanco.
Mi habitación es bastante peculiar, me refleja tal y como soy. Las paredes son de color azul cielo, pero un cielo soleado de verano. El parqué del suelo queda escondido bajo una gran alfombra color burdeos por la cual me encanta caminar descalza. Tengo un pequeño armario que conservo desde que tengo uso de razón ya que no tengo mucha ropa, no es que vista mal, pero si simple. Tengo una gran cama a la cual me cuesta subir por la altura, me debe llegar por la cintura y tiene un gran dorsal de hierro blanco muy elegante. Tengo una gran ventana, con una repisa lo bastante ancha como para poder sentarme. Lo que más me gusta de mi cuarto sin duda, es esa ventana. Suelo sentarme de noche y escribir canciones, o simplemente tocar la guitarra mientras observo las estrellas. Esa ventana da a la casa en la que ahora se están mudando, lo que me hace pensar que debería colgar unas cortinas, y la otra ventana da a Apple Street.
Mientras pasaban las horas tumbada en la cama con la cabeza hacia abajo, escuché la voz de James que me llamaba desde las escaleras.
- Carrie, tenemos nuevos vecinos. Nos han invitado a su casa están celebrando una pequeña fiesta de bienvenida.
- ¡Pero como! Se acaban de mudar hoy y ya están dando una fiesta, menuda rapidez, no crees? - pregunte curiosa.
- Si Carrie, pero vamos, ponte presentable que vamos a presentarnos - dijo James con voz tranquila.
Abrí el armario y me puse el vestido que mi padre insistió que me pusiera. Estaba indignada porque sabia que ese vestido azul me hacia sentir como Alicia, de el país de las maravillas. Era un vestido por arriba de la rodilla color azul claro de tirantes con la espalda al aire hasta lo que vendría siendo el final de la espalda. Era bonito, pero no acostumbraba a llevar vestidos. Soy de las chicas que optan por un buen par de vaqueros.
Bajé las escaleras donde me esperaban mi padre y Elliot y atravesamos nuestro maravilloso jardín para cruzar por el descuidado de la casa de al lado. La puerta estaba abierta, se oía a la gente hablar con música de fondo. Sin duda, los nuevos vecinos no habían tardado nada en darse a conocer y hacerse de notar, aquello era una fabulosa fiesta de bienvenida. Cuando atravesé el porche y entré en la casa no se me hizo muy difícil reconocer la voz de Ashley que se encontraba en algún lado de la casa. Mi padre se dirigió al matrimonio Robbinson a darles la bienvenida tan educadamente que casi creí no conocerle, tras él, íbamos mi hermano y yo. Allí frente nosotros de encontraban, Dimitri, Caroline y sus hijos Will y Cassie. Estuvieron un rato charlando hasta que se dieron cuenta de mi presencia tras mi padre y Caroline me miró de arriba a bajo.
- Oh, buenas tardes ¿Sabes? Eres preciosa. Enhorabuena - dijo mirando a mi padre - Debes tener la misma edad que mi hijo Will, ya le dije yo que seguro que había chicas encantadoras. Mira es él - dijo acercándolo.
Will se acercó con los mofletes sonrojados por el comentario de su madre y se inclinó para darme dos besos. Sus mejillas eras suaves y cálidas, sentí como si algo me recorriera la piel de arriba a bajo y me quedé mirandolo embobada. Will era realmente guapo, tenia una melena medio ondulada alborotada que parecía no haberse hecho el pelo al levantarse y era de color castaño con reflejos rubios. Era más alto que yo, y la camiseta color gris que llevaba dejaban ver unos brazos de ensueño. Me dí cuenta de que Will me miraba con cara de extrañado porque lo miraba embobada, así que agité la cabeza y ruborizada bajé la mirada.
- Will, ¿has visto que color de ojos tiene? - dijo Caroline señalándome.
- La verdad, es que hipnotizan - contestó Will mientras se alejaba desconcertado por mi culpa y la form de mirarle.
Su comentario solo consiguió ruborizarme más y mi hermano que esta cerca dijo el típico comentario gracioso que aún pone más nerviosa a una chica.
- Carrie, no me digas que tú te has enamorado.
Me entró la risa, le dí un capón y dejé muy claro que yo, nunca me enamoraba.
Volví al lado de mi padre mientras nos despedíamos de los Robbinson. Cuando llegamos a casa no tenía hambre y ya era bien caída la noche porque el cielo empezaba a oscurecer. Me deshice del vestido y me puse el pijama. Cogí la guitarra y empece a tocar algunos acordes sueltos. Empecé a tocar sin daber que mi vecino Will asomaba por la ventana de su habitación, que era la ventana de la casa de al lado que daba a la mía.
- Bonita canción - dijo Will desde su ventana.
Me giré atónita ya que no lo esperaba.
- Oh, hola jajaja, gracias, aunque dudo que esto sea una canción - contesté medio contenta, feliz y ruborizada.
¿Pero que me pasaba? Yo no era de esa clase de chicas que se ponían nerviosas. No podía creer que nuestras habitaciones dieran ventana con ventana. Y de pronto oí la voz que menos me apetecía escuchar en ese momento.
- Vaya Carrie, bonito pi-ja-ma - dijo Ashley con tono irónico que asomaba la cabeza detrás de Will.
- Si Ashley, gracias - contesté por educación con un tono de voz serio.
- ¿Ves Will? Tiene frente a ti a la mayor perdedora de la historia, solo hace falta mirar ese pelo desbaratado - dijo Ashley, a la cual me entraron ganas de estrangular.
Entonces algo que no esperaba ocurrió.
- Pues me encanta su pelo, que quieres que te diga Ashley, mira que rizos y que largo, además tiene el mismo color que yo - contestó Will con una gran sonrisa que me dejó distraída y atontada.
- Por favor Will, dejemos a este perdedora aquí - y Ashley corrió la cortina.
Solo desee esa noche, que Ashley no embobara a Will también.
En la cera de enfrente, vive el matrimonio Adams, los padres de Ashley. Tienes dos hijos, ella y Robbie, su hermano pequeño. Ashley es la más popular del instituto, su melena rubia cae por su espalda en forma de tirabuzones perfectos siempre brillantes, es deseo de muchas chicas en el instituto. Sus ojos azules color cielo son perseguidos por cada chico que queda fascinado ante ella y sus pestañas exageradamente largas gracias al rimmel. Es delgada, alta, y como cualquier rubia de su calibre, la capitana de las animadoras. Siempre que tiene oportunidad lleva el uniforme puesto, le encanta enseñar cuerpo y que a los jugadores de los partidos se les caiga la baba al ver esa falda, por llamar con algún nombre a ese minusculo trozo de tela con el que enseña todas las piernas, y ese top, con el que enseña toda la barriga. Lleva un descapotable rosa que siempre aparca delante de mi casa como si quisiera restregármelo todo lo que pueda. Somos enemigas desde que tengo uso de razón, mi padre intenta cambiarlo, y la última vez, Ashley salió con un mechón de pelo menos en la cabeza. Lo cual le dejó a mi padre muy claro que nuestras diferencias eran enormes, y que nunca podría solucionarlo.
Mientras miraba embobada por la ventana, vi a lo lejos un camión que se acercaba por la calle, lo cual es bastante raro porque por esta calle solo circulan los vecinos. Así que no tardé en darme cuenta de que se trataba de un camión de mudanzas cuando paró enfrente de la casa de al lado.
- Parece que a partir de hoy tengo nuevos vecinos - me dije a mi misma en voz alta mientras observaba como bajaban del camión un sofá de cuero blanco.
Mi habitación es bastante peculiar, me refleja tal y como soy. Las paredes son de color azul cielo, pero un cielo soleado de verano. El parqué del suelo queda escondido bajo una gran alfombra color burdeos por la cual me encanta caminar descalza. Tengo un pequeño armario que conservo desde que tengo uso de razón ya que no tengo mucha ropa, no es que vista mal, pero si simple. Tengo una gran cama a la cual me cuesta subir por la altura, me debe llegar por la cintura y tiene un gran dorsal de hierro blanco muy elegante. Tengo una gran ventana, con una repisa lo bastante ancha como para poder sentarme. Lo que más me gusta de mi cuarto sin duda, es esa ventana. Suelo sentarme de noche y escribir canciones, o simplemente tocar la guitarra mientras observo las estrellas. Esa ventana da a la casa en la que ahora se están mudando, lo que me hace pensar que debería colgar unas cortinas, y la otra ventana da a Apple Street.
Mientras pasaban las horas tumbada en la cama con la cabeza hacia abajo, escuché la voz de James que me llamaba desde las escaleras.
- Carrie, tenemos nuevos vecinos. Nos han invitado a su casa están celebrando una pequeña fiesta de bienvenida.
- ¡Pero como! Se acaban de mudar hoy y ya están dando una fiesta, menuda rapidez, no crees? - pregunte curiosa.
- Si Carrie, pero vamos, ponte presentable que vamos a presentarnos - dijo James con voz tranquila.
Abrí el armario y me puse el vestido que mi padre insistió que me pusiera. Estaba indignada porque sabia que ese vestido azul me hacia sentir como Alicia, de el país de las maravillas. Era un vestido por arriba de la rodilla color azul claro de tirantes con la espalda al aire hasta lo que vendría siendo el final de la espalda. Era bonito, pero no acostumbraba a llevar vestidos. Soy de las chicas que optan por un buen par de vaqueros.
Bajé las escaleras donde me esperaban mi padre y Elliot y atravesamos nuestro maravilloso jardín para cruzar por el descuidado de la casa de al lado. La puerta estaba abierta, se oía a la gente hablar con música de fondo. Sin duda, los nuevos vecinos no habían tardado nada en darse a conocer y hacerse de notar, aquello era una fabulosa fiesta de bienvenida. Cuando atravesé el porche y entré en la casa no se me hizo muy difícil reconocer la voz de Ashley que se encontraba en algún lado de la casa. Mi padre se dirigió al matrimonio Robbinson a darles la bienvenida tan educadamente que casi creí no conocerle, tras él, íbamos mi hermano y yo. Allí frente nosotros de encontraban, Dimitri, Caroline y sus hijos Will y Cassie. Estuvieron un rato charlando hasta que se dieron cuenta de mi presencia tras mi padre y Caroline me miró de arriba a bajo.
- Oh, buenas tardes ¿Sabes? Eres preciosa. Enhorabuena - dijo mirando a mi padre - Debes tener la misma edad que mi hijo Will, ya le dije yo que seguro que había chicas encantadoras. Mira es él - dijo acercándolo.
Will se acercó con los mofletes sonrojados por el comentario de su madre y se inclinó para darme dos besos. Sus mejillas eras suaves y cálidas, sentí como si algo me recorriera la piel de arriba a bajo y me quedé mirandolo embobada. Will era realmente guapo, tenia una melena medio ondulada alborotada que parecía no haberse hecho el pelo al levantarse y era de color castaño con reflejos rubios. Era más alto que yo, y la camiseta color gris que llevaba dejaban ver unos brazos de ensueño. Me dí cuenta de que Will me miraba con cara de extrañado porque lo miraba embobada, así que agité la cabeza y ruborizada bajé la mirada.
- Will, ¿has visto que color de ojos tiene? - dijo Caroline señalándome.
- La verdad, es que hipnotizan - contestó Will mientras se alejaba desconcertado por mi culpa y la form de mirarle.
Su comentario solo consiguió ruborizarme más y mi hermano que esta cerca dijo el típico comentario gracioso que aún pone más nerviosa a una chica.
- Carrie, no me digas que tú te has enamorado.
Me entró la risa, le dí un capón y dejé muy claro que yo, nunca me enamoraba.
Volví al lado de mi padre mientras nos despedíamos de los Robbinson. Cuando llegamos a casa no tenía hambre y ya era bien caída la noche porque el cielo empezaba a oscurecer. Me deshice del vestido y me puse el pijama. Cogí la guitarra y empece a tocar algunos acordes sueltos. Empecé a tocar sin daber que mi vecino Will asomaba por la ventana de su habitación, que era la ventana de la casa de al lado que daba a la mía.
- Bonita canción - dijo Will desde su ventana.
Me giré atónita ya que no lo esperaba.
- Oh, hola jajaja, gracias, aunque dudo que esto sea una canción - contesté medio contenta, feliz y ruborizada.
¿Pero que me pasaba? Yo no era de esa clase de chicas que se ponían nerviosas. No podía creer que nuestras habitaciones dieran ventana con ventana. Y de pronto oí la voz que menos me apetecía escuchar en ese momento.
- Vaya Carrie, bonito pi-ja-ma - dijo Ashley con tono irónico que asomaba la cabeza detrás de Will.
- Si Ashley, gracias - contesté por educación con un tono de voz serio.
- ¿Ves Will? Tiene frente a ti a la mayor perdedora de la historia, solo hace falta mirar ese pelo desbaratado - dijo Ashley, a la cual me entraron ganas de estrangular.
Entonces algo que no esperaba ocurrió.
- Pues me encanta su pelo, que quieres que te diga Ashley, mira que rizos y que largo, además tiene el mismo color que yo - contestó Will con una gran sonrisa que me dejó distraída y atontada.
- Por favor Will, dejemos a este perdedora aquí - y Ashley corrió la cortina.
Solo desee esa noche, que Ashley no embobara a Will también.
lunes, 20 de agosto de 2012
Bienvenidos a mi mundo.
Hoy es un nuevo día, pero en realidad sé que será igual que el resto. Aburrido, monótono y predecible. Vivo en Boulder, Colorado. Un pueblo donde todo el mundo se conoce y es amable con los demás. Boulder está rodeado por maravillosos bosques que en invierno se visten de blanco. Soy una chica común, probablemente, demasiado simple. Mi nombre es Carrie, y no, no me gusta que me pongan diminutivos, mi nombre es Carrie y solo ese, ya está. Tengo una larga melena castaña y rizada que mi padre se empeña en cortar.
Mi padre es un hombre que aún cree que está en la flor de la vida, es bastante alto, pelo negro como el carbón y ojos azules. Gracias a dios heredé el pelo de mi madre y sin embargo los ojos de mi padre. Tengo los ojos del color de las profundidades del mar. Soy alta y delgada, mi abuela dice que debo comer más, pero ya sabemos todos como son las abuelas. Menos mal que no vive con nosotros porque si no, creo que ahora mismo no entraría por la puerta de mi casa. Mi mejor amiga se llama Catherine, ellas es de las que siempre están ahí cuando las necesitas, sobretodo cuando murió mi madre. Consigue todo lo que se propone. Ahora esta empeñada en acabar de pintar un lienzo más grande que si casa, ya que se apostó con su padre que lo terminaría. Cat pinta estupendamente, sus manos se mueven solas, es realmente increíble. Es unos meses mayor que yo, las dos tenemos 16 años, pero ella es todo un bellezón, la verdad es que tiene miles de chicos detrás pero nosé porque razón siempre los rechaza a todos. Tiene una melena corta muy lisa y pelirroja. Tiene los ojos verdes y tiene unas piernas largas como el cuello de una jirafa. Yo siempre le digo que deberías ser modelo, pero ella odia ese tipo de cosas. Como la describe mi padre, es un alma libre, viene, va y hace todo lo que quiere y se propone.
Cat y yo nos conocimos al empezar el instituto mientras la malvada reina, Ashley, se metía conmigo en el recreo y me acorralaba en la parte trasera. Cat, que pasaba por allí, cogió a Ashley de su larga melena rubia y la amenazó conque no me pusiera un dedo encima o las pagaría caras. Ashley y yo somos enemigas natas, nos odiamos desde que tengo uso de razón y lo peor es que vive en la casa de enfrente. Ashley es la capitana de las animadoras, es insufrible, pija, y lleva un descapotable rosa que sus padres le regalaron a los 16. Rubia, ojos azules, cara angelical y alma diabólica. Desde el día en que Cat y yo nos conocimos las llamamos la malvada reina ya que es el lider de un grupo de perritos falderos que desean ser como ella. Y también desde ese día Cat y yo nos convertimos en las mejores amigas. Desde el primer día en que la vi super que era una chica especial, a cada paso, una nueva cara se giraba para admirar esa preciosidad, y yo, caminando a su lado, miraba fascinada como todo el mundo nos miraba mientras Cat ignoraba todo lo que pasaba a nuestro alrededor.
Ahora que por fin son vacaciones, espero tener un verano inolvidable. Dentro de un rato Cat me recogerá con su bicicleta, que es una antigua como la mía y iremos al río de las afueras de Boulder a pasar la mañana. Siempre que vamos allí nos reímos de las jóvenes parejas que van allí a hacer florecer su amor, aunque en realidad son pocas, porque es un sitio que mucha gente desconoce. Es mi rincón especial. Es fascinante ver el paisaje, Cat siempre de lleva un pequeño lienzo y pinta un poco, yo simplemente la observo acostada en la hierba, es asombroso ver como deslizando su mano crea cosas maravillosas. Mira! ya ha llamado al timbre.
- Carrie? - oigo a través de la ventana.
- Voooooooy.
Mi padre es un hombre que aún cree que está en la flor de la vida, es bastante alto, pelo negro como el carbón y ojos azules. Gracias a dios heredé el pelo de mi madre y sin embargo los ojos de mi padre. Tengo los ojos del color de las profundidades del mar. Soy alta y delgada, mi abuela dice que debo comer más, pero ya sabemos todos como son las abuelas. Menos mal que no vive con nosotros porque si no, creo que ahora mismo no entraría por la puerta de mi casa. Mi mejor amiga se llama Catherine, ellas es de las que siempre están ahí cuando las necesitas, sobretodo cuando murió mi madre. Consigue todo lo que se propone. Ahora esta empeñada en acabar de pintar un lienzo más grande que si casa, ya que se apostó con su padre que lo terminaría. Cat pinta estupendamente, sus manos se mueven solas, es realmente increíble. Es unos meses mayor que yo, las dos tenemos 16 años, pero ella es todo un bellezón, la verdad es que tiene miles de chicos detrás pero nosé porque razón siempre los rechaza a todos. Tiene una melena corta muy lisa y pelirroja. Tiene los ojos verdes y tiene unas piernas largas como el cuello de una jirafa. Yo siempre le digo que deberías ser modelo, pero ella odia ese tipo de cosas. Como la describe mi padre, es un alma libre, viene, va y hace todo lo que quiere y se propone.
Cat y yo nos conocimos al empezar el instituto mientras la malvada reina, Ashley, se metía conmigo en el recreo y me acorralaba en la parte trasera. Cat, que pasaba por allí, cogió a Ashley de su larga melena rubia y la amenazó conque no me pusiera un dedo encima o las pagaría caras. Ashley y yo somos enemigas natas, nos odiamos desde que tengo uso de razón y lo peor es que vive en la casa de enfrente. Ashley es la capitana de las animadoras, es insufrible, pija, y lleva un descapotable rosa que sus padres le regalaron a los 16. Rubia, ojos azules, cara angelical y alma diabólica. Desde el día en que Cat y yo nos conocimos las llamamos la malvada reina ya que es el lider de un grupo de perritos falderos que desean ser como ella. Y también desde ese día Cat y yo nos convertimos en las mejores amigas. Desde el primer día en que la vi super que era una chica especial, a cada paso, una nueva cara se giraba para admirar esa preciosidad, y yo, caminando a su lado, miraba fascinada como todo el mundo nos miraba mientras Cat ignoraba todo lo que pasaba a nuestro alrededor.
Ahora que por fin son vacaciones, espero tener un verano inolvidable. Dentro de un rato Cat me recogerá con su bicicleta, que es una antigua como la mía y iremos al río de las afueras de Boulder a pasar la mañana. Siempre que vamos allí nos reímos de las jóvenes parejas que van allí a hacer florecer su amor, aunque en realidad son pocas, porque es un sitio que mucha gente desconoce. Es mi rincón especial. Es fascinante ver el paisaje, Cat siempre de lleva un pequeño lienzo y pinta un poco, yo simplemente la observo acostada en la hierba, es asombroso ver como deslizando su mano crea cosas maravillosas. Mira! ya ha llamado al timbre.
- Carrie? - oigo a través de la ventana.
- Voooooooy.
Carrie
Bienvenidos a el blog donde voy a retomar algo que abandoné hace mucho tiempo. Este blog va a ser exclusivamente para la historia de "CARRIE" que espero que os guste.
Besos, nos vemos pronto con el primer capítulo xxoo
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